Aquí encontrarás reseñas sobre lugares públicos y privados que he visitado y que, por algún instante, me han trasladado al país que sueño:
un Puerto Rico inclusivo, solidario y hermoso. Les llamo lugares amables, inspirada por este ensayo de éft. La entrada de algunos es libre de costo, mientras que otros requieren una inversión monetaria que no quiebra al bolsillo. Lo importante es que en todos te reciben personas amorosas y comprometidas con el bienestar común.

También compartiré reseñas e imágenes de lugares amables fuera de Puerto Rico para que nos sirvan de inspiración.

Te invito a que los visites tú también y si tienes algún lugar que recomendarme o alguna reseña que compartir me escribas a vera98upr@gmail.com. También, si tienes instagram , puedes seguir lugares_amables y etiquetar fotos de tus lugares amables favoritos a través del hashtag #lugaresamables.

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lunes, 6 de enero de 2014

Mis 10 lugares amables favoritos de 2013

Despedí el 2013 muy agradecida de las oportunidades que me regaló para descubrir nuevos lugares amables junto a seres queridos. Puerto Rico es hermoso; los pueblos pequeños cuidan sus plazas; las haciendas cafetaleras producen frutos exquisitos que luego se traducen en experiencias sublimes en negocios de café; un bosque se convirtió en escuela y yo... superé prejuicios y miedos para vivir experiencias hermosas.

Aquí comparto con ustedes 10 de mis lugares amables favoritos del 2013. Pueden ustedes hacer lo mismo.

1. El Bosque Escuela La Olimpia- Ariel Massol Deyá

Desde que conozco de Casa Pueblo había querido visitarla, pero la oportunidad se me dio cuando sus gestores inauguraron el Bosque Escuela Ariel Massol Deyá en La Olimpia en Adjuntas. El lugar es justo de lo que www.lugaresamables.com se trata: un espacio solidario, abierto y educativo que sirve de punto de encuentro para que las personas que vivimos en Puerto Rico podamos disfrutar de la naturaleza desde el respeto y el amor.  


Pueden obtener más info en este enlace: Bosque Escuela La Olimpia Ariel Massol Deyá.

2. El Faro de Rincón

En el verano visité por primera vez el Faro de Rincón.  Había visto otros faros antes pero éste destaca por el parque que le rodea, dónde las personas podemos ir a caminar, compartir con otras personas y disfrutar de vistas hermosas. Vi personas de distintas edades disfrutar del parque, tomando fotos y aprendiendo del lugar.






Por mucho tiempo quise visitar dos lugares de los que me habían hablado maravillas: Friend´s Café en Mayaguez y la Hacienda San Pedro en Jayuya. Ambas visitas se me dieron este año pasado y me llenaron de alegría.

3. A Friend's Café fui dos veces. Una en verano y la otra a inicios de esta Navidad. En ambas probé uno de sus ricos frappés de café. La segunda la disfruté aún más porque, por casualidad, me encontré con mis amigos instagrameros de @bsorrentini @prcoffeemap y @friendscafe. Quienes han ido saben que el café es rico, que quienes allí laboran se gozan lo que hacen y que el lugar- la plaza de Mayaguez- sirve de escenario para intercambios y buenas -a veces apasionadas- conversaciones. Queda para el 2014 mi visita a Friends Café en la Parguera. :)

Visiten su página en facebook: Friend´s Cafe Puerto Rico.



4. Hacienda San Pedro en Jayuya

Desde que descubrí, gracias a mi compañero, el café de la Hacienda San Pedro mi vida no ha vuelto a ser la misma. Gracias a lo mucho que nos gusta, el café ha propiciado múltiples momentos de complicidad. De hecho, a veces, cuando despierto, el mero pensamiento de que podré disfrutar mi propio café recién molido me llena de energía y alegría. Así que soñaba despierta con visitar la Hacienda San Pedro en Jayuya y hace pocas semanas el sueño se cumplió. Fuimos acompañados de dos de nuestras familiares más queridas y, luego de un camino lleno de aventuras (gracias a google maps! jajajaja), por fin llegamos. El lugar es muy hermoso, no sólo por lo que se ve sino por lo que se siente. La tienda dónde venden y sirven café también es un museo sobre el trabajo cafetalero. Esta vez no pude hacer la visita guiada por la hacienda, pero sí pudimos caminar por los alrededores de la tienda.




5. El Parque Muñoz Rivera en San Juan

Siempre he pensado que una despedida de soltera,  cuando una novia a punto de casarse quiere celebrarla, debe ser fiel a la personalidad de ella. Así que cuando una de mis mejores amigas -una mujer espiritual que atesora la paz y la sintonía con la naturaleza- me dijo que se casaba con su amor, rápido pensé que debíamos hacer alguna despedida al aire libre, que comenzara temprano con una sesión de yoga. En un momento dado pensamos hacerlo todo en la playa del Escambrón- ¡¡¡hermosa!!!- pero como había una actividad allí decidimos comenzar el día en el Parque Muñoz Rivera de San Juan!
Sinceramente, no pudimos elegir un mejor lugar.
El rinconcito en concreto nos lo sugirió un guardia: el área del parque que da hacia el Tribunal Supremo ("allí nadie va", nos dijo- ¡jejeje!). Ni cortas y perezosas hicimos nuestro espacio allí hasta que, puntualmente, la súper Cristi de beyogapr.com llegó para dirigir la sesión de yoga. Las palabras se quedan cortas para describir lo maravilloso de la experiencia. Allí, en el parque, increíblemente en silencio -con árboles a nuestro alrededor, Cristi logró que conectáramos las unas con las otras, nos hizo preguntas cuyas respuestas se convirtieron en intenciones de felicidad para nuestra amiga, y pudimos relajarnos a plenitud. Después de eso, compartimos un riquísimo brunch (nota aparte para, con humildad, compartir que mi ensalada de espinaca con aguacate y fresas me quedó divina!) e hicimos , a petición de la novia, una pintata de óleos. Cada una hicimos nuestro mejor intento. Y se los dejamos como nuestros regalos- las obras luego fueron parte de la decoración de la boda.

Desde niña he visitado el parque Muñoz Rivera pero la verdad es que, cada vez que lo visito, descubro una belleza que me enamora. Es uno de mis parques favoritos del mundo entero.




6.  Fortín Conde de Mirasol en Vieques

 Gracias al proyecto comunitario de Radio Vieques- con el cual mi compañero colabora - visité por primera vez el Fortín Conde de Mirasol para un taller comunitario sobre música y programación radial. Allí nos encontramos con el querido Robert Rabin, quien es el director de Radio Vieques y, a la vez, encargado del Fortín, quien aprovechó para hablarnos un poco del lugar.
Taller Comunitario de Radio Vieques


Visitar al Fortín  permite conocer más sobre la historia viequense, disfrutar de vistas de esas que quitan el aliento y, además, compartir con personas involucradas en proyectos culturales y solidarios que utilizan el lugar como punto de encuentro.







7.  Miami Beach

Siempre que pensaba en una ciudad para visitar en los Estados Unidos nunca consideraba Miami. Mi mente volaba a Nueva York, Los Angeles, Seattle o Washington DC. Pero gracias a la buena música y al maravilloso proyecto cultural FUNDarte a cargo de Ever Chavez, mi compañero y yo decidimos viajar por un fin de semana para asistir al concierto de la gran interprete cubana Ivette Cepeda. Del concierto podría hablar muchísimo pues me encantó. Pero para esta nota quiero compartirles lo mucho que nos gustó las partes de la ciudad que pudimos conocer: el área cerca de nuestro hotel, la Avenida Collins, repleta de pequeños negocios y restaurantes de distintas partes de América Latina. Desayunamos en la panadería argentina Buenos Aires Bakery and Café y en Little Brazil el restaurante brasileño que nos enamoró por lo sabroso del menú y la cordialidad de sus meseras. También visitamos el mega turístico South Beach. Lo más que me gustó de la experiencia fue caminar tranquilamente por áreas abiertas y libres para el uso popular. De hecho, nuestro hotel que tenía acceso directo al mar estaba rodeado por un paseo lineal público.  También me gustaron las personas y la gran diversidad de sus culturas.







8.  La Cueva del Indio- Arecibo
Quienes me conocen saben que por mucho tiempo huí al mar. Pero desde hace algunos años comprendí que si quiero disfrutar plenamente de Puerto Rico debo asumir con orgullo y agradecimiento que entre sus más grandes bondades se encuentran sus tesoros marítimos. Uno de ellos lo descubrí el verano pasado gracias a Kayaks @ La Cueva en Arecibo. Nunca soñé que me atrevería a kayakear en mar abierto y la experiencia valió la pena, gracias a un equipo comprometido con su proyecto turístico-ambiental y una mañana hermosa que jamás olvidaré. El momento cumbre fue cuando nos detuvimos en una de las cuevas con pájaros alrededor dónde pudimos darnos un rico chapuzón.




Por último comparto con ustedes los dos lugares amables en dónde celebré mi cumpleaños el pasado noviembre.

9. Bahía de San Juan 


Gracias al Judith Amador, mi compañero, amistades y yo comenzamos a celebrar mi cumpleaños un viernes en la noche en la Bahía de San Juan. La disfrutamos en una de las visitas guiadas que, a borde de su velero, Judith dirige.

Además de la hermosura de recorrer la bahía y disfrutar de las vistas del Viejo San Juan pudimos ser testigos de cómo se puede idear un excelente proyecto turístico desde el compromiso con la historia, la cultura y el respeto al ambiente.  Allí además pudimos disfrutar de entremeses, cava y buena música. Y me cantaron el primer cumpleaños feliz.

Pueden obtener + info sobre los tours pueden visitar la página de Encantos Ecotours.



























10. La Casa de las Tías en Ponce

Todas las personas que han tenido la oportunidad de ir a La Casa de las Tìas en Ponce salen encantadas del lugar. No sólo la chef Wilda Rodríguez es una verdadera maestra del arte culinario sino que tanto ella como Graciela Rodríguez son tremendas anfitriones. Soy afortunada de contar con su amistad, y por eso decidí continuar la celebración de mi cumpleaños con ellas en el restaurante, que a la vez es su casa. Así, rodeados de obras de arte, libros y pulseras en solidaridad con la lucha por la excarcelación d Oscar López Rivera, disfruté al máximo la visita.



Con Wilda y Graciela de la Casa de las Tías.


A Ponce llegaron otras queridas amistades quienes brindaron conmigo mientras Wilda me cantaba "Cumpleaños" del boricua Claudio Ferrer.  Allí también soplé velita para la buena fortuna.  Si quieren celebrar su cumpleaños en el lugar les recomiendo que hagan una reservación. No se van a arrepentir. Visiten su página en FB: La Casa de las Tías.























Visité otros hermosos lugares amables en el 2013. La gran mayoría de ellos aparecen en la cuenta de Lugares Amables en IG. También en IG les recuerdo que visiten el #hashtag de #lugaresamables para que vean lo que otras personas tanto de Puerto Rico como de otras partes del mundo han compartido. ¡Les encantará!

Por lo pronto, aprovechen el 2014 para que sigan explorando las bellezas de Puerto Rico. Renuncien a sus miedos; vivan a plenitud, siempre desde el respeto, la amistad  y la solidaridad.




lunes, 19 de agosto de 2013

"Cosas para hacer en el Viejo San Juan un Domingo" de Guillermo Rebollo Gil

Un sit in en las mesitas de afuera del Restaurante Makarios en protesta por la ocupación ilegal del cantito de plaza donde pusieron sus mesitas y matas para el beneplácito de su clientela. El sit in consiste en tomar asiento. Rehusar el menú. No ordenar nada. Abrir un libro. Tomar aire. Pedir hablar con el gerente cuando el mesero te pida, primero de manera muy cortés, luego menos, que te vayas. Explicarle al gerente que la plaza es para el uso y disfrute de la ciudadanía en su totalidad, no importa si la gente interesa consumir o no. Solicitarle que baje la voz. Comunicarle que tú muy tranquilamente le devuelves la silla que ocupas y sin molestia alguna tomas asiento en la sillita de playa con la que cargaste a tus espaldas con emoción para esta ocasión. Aprovecharás la coyuntura para sacar una paca de boletines, opúsculos y pasquines de tu mochila y comenzarás a distribuir literatura acerca de los bienes de dominio público entre la clientela. El gerente amenazará con llamar a la policía. Tú amenazarás con repetir la manifestación al día siguiente, con más gente y carteles y prensa. Intentará levantarte de la silla a la fuerza, pero tú eres una gran roca en el fondo del mar, dijo Gandhi. Él será mucho más grande y más fuerte que tú, pero la convicción y la fe de un desobediente civil pueden más que la masa muscular del opresor, dijo King y tú le creerás, por tanto el hombre no logrará moverte. Derrotado, iracundo, llamará a los guardias. Te arrestarán por alteración a la paz.Te identificarás como activista al rescate de los espacios públicos en peligro de extinción. Te montarán en la patrulla y desaparecerás en la noche sanjuanera hasta una próxima cita con el destino político de tu País. La clientela continuará su cena con normalidad. Ir al morro. Volar chiringa. Comprar piraguas. Sacarte fotos con cotorras, gallinas de palo en la cabeza.

Originalmente publicado en Empty Lots, blog del autor.

lunes, 25 de marzo de 2013

Café Finca Cialitos: El café como mucho más que una bebida


Por Leila Negrón Cintrón

No tomo café. La realidad es que me tomo uno de vez en cuando. En casa todxs son cafeterxs, hasta mi hijo, que se aprovecha cuando sus abuelos maternos nos visitan y piden café y él con su carita me mira y dice: "mami dame un poquito please".

Me crié entre café y café. Mis padres nos levantaban con el olor a café recién cola’o de la greca. Al llegar a la casa después de una larga jornada de trabajo lo primero que hacía mi madre antes de soltar la cartera era prender la estufa y poner la greca. Se sentaba, prendía un cigarrillo y taza en mano disfrutaba de su café negro puya.  Así crecí, viéndola disfrutar de ese exquisito néctar negro. Yo lo disfrutaba vicariamente, porque aunque su olor me arrebataba los sentidos nunca me sentí atraída por el café como para beberlo.

Sin embargo había algo alrededor del café que me atraía poderosamente, el club selecto al que pertenecían lxs cafeterxs. Esa gente con taza en mano se sentaban a conversar y había un vínculo entre ellxs imposible  de penetrar si no tenías una taza de café. Ese club se volvía un lugar amable, un lugar agradable para ser y estar.


Buscando ser parte de ese club selecto me aventuré a tomar café. Mi primera vez fue en la plaza de Cabo Rojo. Mi hermano me invitó a tomar un delicioso capuchino que disfruté hasta la última gota.  ¡Lo que me había perdido! Para mi desgracia el café me produce dolor de cabeza así que lo tomo de vez en cuando. Pero no he perdido la costumbre de buscar lugares amables para cafeterxs.


En Viejo San Juan hay muchos lugares para tomar café. Demasiados para mi gusto. Me pregunto cómo sobreviven con los altos costos de alquiler. Hace un par de semanas me topé con uno de esos lugares mágicos y amables donde los miembrxs del club del café pueden disfrutar del  néctar negro.

Café Finca Cialitos es un espacio acogedor atendido por su dueño Joaquín Pastor. Está ubicado en la calle San Justo #150. Llegué allí con agenda en mano y unos cuantos papeles para revisar. Desde que entré me sentí acogida a pesar de no ser miembra del club selecto de los cafeterxs (y eso se nota a leguas). Todo te invita a entrar. El lugar está amueblado como si fuera la sala de tu casa. Hay un estante de libros para intercambiar, acogedores sillones y un sofá que te invita a recostarte. Una vez traspasas el área de estar, encuentras un maravilloso recibidor donde te saludan con una sonrisa y te preguntan ¿qué quieres hoy?.



Con café en mano me senté dispuesta a trabajar, pero Joaquín se acercó y comenzamos a charlar. Un tipo encantador. Un experto en asuntos de café. Con él viajas a su finca sin moverte de la calle San Justo. Te imaginas recorriendo la finca y observando los granos cuidadosamente para hacer una recogida perfecta. Joaquín dice: "el café no es simplemente una bebida, es un momento de compartir, de pensar y de relacionarse".

De eso se trata un lugar amable. Un lugar acogedor, amigable, donde lxs clientes no se sientan timadxs al comprar un café y donde una buena charla acompaña cada sorbo del rico néctar negro, caliente y puya. 




Fotos obtenidas a través de la página de facebook de Café Cialitos.


 *endoso no pagado

domingo, 3 de marzo de 2013

Los lugares amables como posibilidad política


~A la recién nacida Filippa R. con los deseos de que su vida esté repleta de amabilidad~
Cuando era niña mi padre solía tomar sus vacaciones a mediados de julio para compartir a tiempo completo con mamá y conmigo. Siempre me pedía que le hiciera una lista de los lugares a los que quería ir y yo siempre le decía los mismos: el Parque Luis Muñoz Marín, el Museo de Arte de Ponce, el Zoológico de Mayagüez y el Parque de las Ciencias de Bayamón. Esos deseos de la niñez, en gran medida, han seguido siendo los grandes deseos de mi vida a la hora de decidir qué quiero hacer y cómo quiero compartir con mi gente querida.
La vida me ha dado la fortuna de conocer parques y museos de América Latina, Europa y Estados Unidos. En cada uno de ellos he experimentado una alegría muy parecida a la que, cuando niña, disfrutaba al correr bicicleta con mis padres en el Muñoz Marín. Sin embargo, mis viajes al extranjero, inevitablemente, me hacen lamentar que la vida social en Puerto Rico se haya deteriorado, por diversas razones, entre la apatía gubernamental por invertir en la seguridad y mantenimiento de nuestros lugares públicos y la idea real o percibida de que una está a merced de un acto criminal en cualquier momento y en cualquier lugar.
De hecho, dejé de hacer ejercicios mañaneros en el Parque Lineal de Hato Rey cuando un hombre agredió sexualmente a una mujer allí mismo en el parque y a plena luz del día. Por dicha razón, una de las propuestas que hice a la actual Alcaldesa de San Juan, cuando aún era candidata, fue el programa de “Rutas Seguras para las Mujeres”, para que el Municipio de San Juan asumiera como política pública devolverle la ciudad a las mujeres. Recomendé a Carmen Yulín que, junto a un grupo de mujeres, organizara caminatas de reconocimiento de algunos espacios públicos de la ciudad e identificara junto a ellas qué haría falta para que todas se sientan seguras (iluminación, aceras, sistema de comunicación, guardias de seguridad…). Ciertamente, la iniciativa iba dirigida a que ocupen el espacio urbano, pero podría y debería extenderse a todas las poblaciones.
En su blog "Poder, Derecho y Justicia", la profesora y amiga Érika Fontánez Torres escribió sobre la riqueza de lo que ella denominó lugares públicos amables. Nos dijo:
He pensado mucho en esos espacios y me digo: ¿cómo es que en nuestro país el Borders, ruidoso, hiper-comercializado, desorganizado, hiper-sobre-estimado y sobre-valorizado, se convirtió en el lugar a defender, a añorar?. ¿qué pasó con nuestros 'lugares amables"? ¿por qué nuestros mejores referentes son el Starbucks y el Borders? Me pregunto: ¿cuándo, qué y cómo pasó que nuestro foco de atención, nuestra mejor aspiración, se normalizó en ese modelo, se concentró en la mercancía y renunciamos al espacio y a lo que conlleva esta amabilidad de la que hablo. ¿O es que nuestros lugares públicos amables salieron del panorama o nunca estuvieron en nuestro marco de referencia?; ¿es que dejaron de ser o acaso nunca fueron nuestra aspiración?
Inspirada por las palabras de Érika (y al verme reconocida en ellas), decidí abrir el blog Lugares Amables en Puerto Rico, para que las personas pudieran leer y compartir experiencias al conocer dichos espacios. Ahora bien, un lugar amable no es meramente un lugar dónde se pasa bien. Tal como digo en el blog, un lugar amable es un espacio donde las personas nos podamos encontrar las unas con las otras para respirar, conversar, pensar, compartir, disfrutar del arte y de las cosas sencillas, en calma y armonía. La exhortación es también una invitación política a involucrarnos emocionalmente con el espacio que habitamos junto a otras personas, apoderarnos de él, y vivir plenamente nuestra ciudadanía.
El blog reseña diversos lugares, no todos públicos. En su momento, Érika me alertó que su propuesta invitaba a trascender la identidad de cliente o clienta como requisito básico para disfrutar de cierto espacio. Estoy de acuerdo. No obstante, siento que el hecho de que se cobre por un café, un libro, una entrada o algún servicio no derrota la idea de que podemos acceder a lugares amables sin necesidad de ser meramente clientes o clientas. La realidad es que nada es gratis. Alguién paga o invierte para que sucedan los eventos y para que existan los lugares, ya sea el Estado, alguna entidad privada y/o una persona.
En el blog reseñé la Caravana Cultural de Miguel Zenón como un "lugar amable en movimiento". Allí comenté que no existe actividad cultural sin producción y sin inversión monetaria. No debemos pensar que una actividad por la que no nos cobran entrada es gratuita. Así, la Caravana Cultural fue financiada primordialmente por el propio Zenón, gracias a premios que merecidamente obtuvo como el MacArthur Fellowship y, en diversos grados, por los municipios sedes de los conciertos.
Si bien es cierto que no podemos liberar al Estado de su obligación de invertir en la seguridad y mantenimiento de nuestros parques y otros lugares públicos, también es cierto que nosotros y nosotras podríamos decidir invertir en negocios cuyos dueños y dueñas abrieron con el propósito de ganarse el sustento a la vez que aportan al bienestar social, proveyendo espacios en dónde podamos conversar, escuchar, reflexionar y observar belleza. Por eso cada día es más común ver en las redes sociales espontáneas declaraciones de amor a pequeños cafés, restaurantes, y hasta lugares para alquilar películas en los que la interacción con quienes atienden el lugar y las personas con las que te encuentras es lo que hace la diferencia. Y cada vez es más la experiencia social la que nos lleva a un café de esos, antes que a un Starbucks. Esas experiencias deben incentivarse en nuestro país, aún para las personas que no tengan dinero para comprar cierto producto.
En mi viaje más reciente, me detuve ante la vitrina de una pastelería  que estaba repleta de "cupcakes" verdaderamente hermosos. Justo al lado de la entrada del negocio, había un banquito en dónde me senté para esperar mi transporte. Allí sentada, tuve algunas de las mejores conversaciones del viaje. Las personas, atraídas por la belleza, se paraban a observar, y hablaban conmigo, primero, de los cupcakes y luego de cualquier cosa. Tuve tres breves pero buenas conversaciones con una mujer que me hizo una anécdota sobre el buen comer, una pareja que no paraba de sonreir y una mujer con su niño pequeño. Ninguno de ellos entró a la tienda a consumir. La amabilidad de dichos encuentros me dejó con una sensación de bienestar. Agradecida por la experiencia, entré al negocio. Los cupcakes, por supuesto, también tenían un sabor amable.
* Si conoces un lugar amable dentro o fuera de Puerto Rico y quieres contarnos sobre tu experiencia, visita Lugares Amables.
Lista de imágenes:
1. La autora con su madre Amelia en el Parque Luis Muñoz Marín (1985).
2. La autora en el Museo de Arte de Ponce, (ca. 1985).
3. Laura Beatriz en el Parque Central de Santurce.
4. La autora en el Met Museum de NYC.
5. La autora frente a una vitrina amable en Amsterdam, Holanda (2012).
*Originalmente publicado en la Revista Cruce

viernes, 25 de enero de 2013

Una anécdota amable....

Una amiga argentina compartió esta foto en facebook e inmediatamente hice lo mismo en mi muro. 



Al verla, nuestra amiga Érika quiso compartir la siguiente maravillosa experiencia:


El fin de semana pasado tomé un tren en Londres para un viaje de 4 horas. Me impresionó lo organizado y tranquilo, al menos a esa hora y siendo sábado. Al frente mío, en vista diagonal, viajaba una señora como de 80 años, sola, a la que no paré de observar porque tan pronto se sentó, sacó sus libros, puso una bolsita de chinas, frutas y un telmo en la mesita, empezó a hacer crucigramas y luego a leer una novela. En fin, quedé encantada con ella pero además estuve feliz todo el viaje por el nivel de civilidad; todo el mundo leyendo, tranquilo, no tuve que usar mis tapones de oídos. Como a las tres horas, la doñita se vira y se me acerca. Me asusté, jajaja. Me pregunta: "¿Te molesta si hago una llamada por mi celular?." Casi me muero de un infarto, de hecho, casi se me salieron las lágrimas!, jajaja. Dije, como no, adelante. Quedé sonreida, impresionada por el nivel de cortesía. Habló tan bajito y por tan poco tiempo que apenas hubiera percibido que hizo una llamada, pero el hecho de haberme preguntado y su cortesía, su forma amable de compartir su espacio conmigo y los otros, fue adorable, memorable. Eso. Me acordé de los lugares amables, de lo amable de cuidar de la comodidad del otro y la otra cuando compartimos los espacios.
Sencillamente genial. La invitación sería, pues, a practicar múltiples momentos de amabilidad con quienes compartimos el espacio.

domingo, 13 de enero de 2013

La universalidad de los espacios públicos: una travesía desde Nueva York a Puerto Rico


Por Laura Beatriz

Nueva York es una ciudad a la cual anhelaba visitar desde pequeña. Me acuerdo haberme molestado con mi mamá cuando, a mi parecer, teníamos la oportunidad de explorarla por medio día antes de montarnos en un avión a otra metrópoli en el mundo, y decidió rechazar mi oferta. No fue hasta mediados de noviembre pasado que se me dio la ocasión de descubrir sus rincones junto a mi compañero y mi hijo, gracias a la gran hospitalidad de un querido amigo.



Las personas que me conocen sabrán que soy friolenta, pero que esa sensibilidad al frío no me detiene cuando se trata de explorar sitios aún desconocidos, de procurar experiencias arriesgadas, estimulantes y excitantes, o de descubrir y disfrutar lugares amables. Así pues, con la vestimenta de rigor me aventuré a recibir todo lo que aquella ciudad me quería revelar.


Y recibí mucho. Más de lo que pensaba. Claro que visité sitios turísticos, culturales, históricos, educativos y artísticos que me enardecieron todos mis sentidos. Sin embargo, dos cosas resultaron ser las más refrescantes para mí, cuya simplicidad es universal en cualquier parte. El acto de caminar y la jornada de disfrutar la naturaleza.


 En particular, quisiera contarles la experiencia de mi visita a Prospect Park en Brooklyn. Pedí el mapa del parque que estaba guardado en el apartamento donde me estaba quedando, como me instó una amiga y mentora que se había quedado días antes en el mismo lugar. Noté la inmensidad del espacio destinado a un parque público-urbano, claro, dejando a un lado el infinito que se siente el Parque Central. En el mapa observé la convergencia de distintos elementos como jardines botánicos, un museo de arte, instalaciones para la práctica de diversos deportes, una biblioteca pública, laboratorios de conservación, un zoológico, un lago, múltiples veredas para caminar o correr bicicleta. Aunque no los veía, sabía que mis ojos estaban brillando de la emoción. No era para menos.

Foto obtenida de http://www.prospectpark.org/ (última visita, el 12 de enero de 2013).
Un buen día, me levanté con los arranques de impulsividad que me dan, y dejando a todos durmiendo, me fui al parque. Caminé, me perdí en el metro, camine aún más hasta que encontré una de sus esquinas. Lo primero que aprecié fue la apertura, la entrada sin verjas, sin restricción. Era la invitación perfecta para entrar a un lugar público, de todas y todos, sin importar ningún tipo de condición social, económica o de origen. Me adentré en sus veredas, y en el disfrute de mi soledad que me acompañaba, me senté y comencé a hacer un ejercicio de reconocimiento de mis alrededores. Divisé lo que parecía ser un conglomerado de familiares y amistades de todas las edades jugando -o tratando de jugar- fútbol americano, gozándose cada uno la presencia del otro, una pareja abrazada y sentada en el piso como yo deleitando el paisaje, un señor siendo escoltado pausadamente por su can guardián, otro perro instigando a su compañero humano a que le tirara el frisbee. Luego cambié la mirada a la hermosura de la decadencia en tonos amarillentos, anaranjados y marrones, sabiendo que las hojas, que lentamente pero sin pausa caían al suelo aún verdoso, les sobrevenían futuras generaciones, manteniendo la continuidad del verdor y las esperanzas del renacimiento.

Fue en ese momento de paz, de conexión con lo natural, de aproximación a la renovación, de encuentros con una misma, de aprecio por la intermitente respiración, del registro de mi existencia, que me transporté a Puerto Rico. Y es que esos profundos e intensos sentimientos los he vivido en carne y hueso en los espacios que he podido encontrar en mi Isla. Son esos recintos en que ocurre algo místico en mi ser, en los que siento que me elevo, divisando mis problemas de turno en el horizonte proyectados como situaciones, algunas para atender, otras para descartar, sin que implique abdicar mi felicidad. Sólo sientes e inhalas pura energía, un poderío que te dicta un mundo de posibilidades, que eres capaz de cambiar lo que no se ajusta a tu bienestar o a tus ideales, dándote fuerzas incalculables.
Jardín Botánico de la Universidad de Puerto Rico, San Juan    
Bosque del Pueblo, Adjuntas.
Parque Central, Santurce.

Lamentablemente, muchos lugares existentes están más que necesitados de mantenimiento, seguridad y accesibilidad. Estamos ante un pueblo que le urge la creación y conservación de espacios verdes, dinámicos, amplios y, sobretodo, abiertos, particularmente en áreas urbanas. ¿Qué le saqué a mi escapada a Prospect Park? Nada menos que el aprecio por los espacios de naturaleza o de recreación urbana, grandiosos o con tal potencial, que he experimentado aquí, y a la vez, el impulso a seguir luchando por la permanencia y cuidado de los mismos.